Susan George, es Presidenta de Honor de ATTAC, activista alter-globalización y partidaria de defender el legado de la Ilustración y de la toma de control del sistema financiero y bancario, por parte del Estado.
Me entristece, tanto filosóficamente como en términos de acción, el ataque al contenido, al pensamiento, a la cultura del Siglo de las Luces, porque creo que es un logro muy grande de la humanidad.
El liberalismo político, como se entendía en el siglo XVIII, ese movimiento europeo que se inicia con Locke y continúa con los enciclopedistas franceses, es el fundamento de la Constitución de EE.UU., es el fundamento de las libertades políticas, religiosas, de prensa, de opinión… Muchas personas dieron la vida por eso y la democracia viene de esa época. Bueno, creo que esta Ilustración está siendo objeto de un grandísimo ataque ideológico. Yo intento seguir esa tradición, que vale la pena defender.
Las generaciones más jóvenes ¿se resignan de antemano ante este ataque?
En algunos sitios no, aunque Europa está un poco KO. Todo esto ha sucedido muy rápidamente. En 2009, cuando estaba en Londres para las acciones contra el G-20, éramos 35.000 en Hyde Park. Los medios de comunicación al día siguiente estaban con nosotros, incluso Gordon Brown, por entonces Primer Ministro británico, se apresuró a decir que estaba de nuestro lado. El mundo estaba a un paso de la catástrofe.
El G-20 hasta habló entonces de los paraísos fiscales, de la presión de los mercados financieros, del empleo, del medio ambiente, etc., pero después, una vez que los bancos se salvaron, todo eso ha desaparecido. El G20 y el G8 remiendan soluciones para salvar a los bancos por segunda vez. La gente puede pensar que sus dirigentes están tratando de salvar a Grecia o a España, pero ello es completamente falso, porque lo que están salvando es a los bancos que compraron deuda griega o deuda española…
No intentan hacer nada por los pueblos. Y no sólo se rescata a los bancos por segunda vez, sino que ¿quién lo hace?: los pueblos, por la amputación de sus pensiones de jubilación, la reducción de sus salarios, el despido de funcionarios.
La crisis que acabamos de vivir ¿no ha desbloqueado algo en el pensamiento económico?
La gente ha visto que esto no funciona, que el neoliberalismo no funciona. Sin embargo, siguen como si funcionara… La mayonesa de la contestación no liga, se corta. Sería preciso que la gente hiciera alianzas, como tratamos de hacer en Attac: por ejemplo, sobre los impuestos financieros nos hemos asociado con los sindicatos y otras organizaciones – Sécours Catholique [Cáritas Francia], Comité Catholique contre la Faim et pour le Développement [CCFD Terre Solidaire - Manos Unidas Francia], Oxfam, Amigos de la Tierra… Tratamos de federar el mundo sindical, el asistencial, el asociativo, el ecológico. Es la pista correcta, nadie puede ganar solo.
En un escenario optimista, el cambio que usted desea ¿por dónde empezaría?
Por aprender. Tenemos que comenzar por aprender. Hoy en día, la política se ha vuelto mucho más complicada. Es bueno estar indignados, pero primero tenemos que entender por qué esto ya no funciona. Cuando empecé a militar, decíamos: “¡Estados Unidos fuera de Vietnam!” La gente estaba de acuerdo o no, pero entendían lo que significaba. Cuando decíamos: “Basta ya de apartheid”, no era necesario un largo discurso. Hoy en día esto no pasa.
He hecho una larga campaña contra el AGCS [Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios] y nadie sabía lo que era: una OPA sobre los servicios públicos y los servicios locales de proximidad. Si no sabemos cómo se produce esto, qué es lo que se ha votado y en qué momento, no podemos actuar. No tiene sentido estar “contra” si no podemos ni explicárselo a los demás, ni llamar a la puerta adecuada. Hay que cambiar para no continuar dándonos cabezazos contra las paredes.
Así que debemos aprender, ayudar a aprender a otros, organizar, hacer alianzas. Y comunicar: cada vez más, necesitamos cosas visibles que interesen a los medios de comunicación, porque esto se hace muy mal. Hay que salir de los rituales.
Desconfío de las ambiciones personales que puedan surgir, y en el seno de organizaciones como Attac, ya lo hemos visto. Pero influir en los programas, eso sí, es nuestra vocación. Es más fácil organizando reuniones, principalmente en el interior de los países, con participación de los partidos de izquierda.
Para el poder político, ¿cuál sería la primera decisión a tomar?
Tomar el control de los mercados financieros, los bancos. Es muy obvio. Ellos hacen que llueva y que haga buen tiempo: hay que ponerlos bajo tutela.
¿Es realista empezar en un solo país?
[Pausa] Difícil cuestión. No he profundizado en ello, para mi vergüenza. Yo dejaría que los bancos intercambiaran divisas, pero impondría un impuesto a las transacciones. Prohibiría el acceso a la mayoría de los derivados, esa ciénaga. Algunos derivados sirven de seguro, muy bien. Pero soy muy hostil a los derivados “desnudos”, que permiten asegurar algo que no se tiene. Es un poco como si yo tomara una póliza de seguro de incendios por una casa suya. Entonces tendría interés en quemarla…
Algo así es lo que hizo Goldman Sachs…
¡Y más! Este mercado es enorme. 600 billones de dólares al año. La inversión se va en productos financieros sin pasar por la economía real. Necesitamos una Ley Glass-Steagall de los bancos, aprobada en los Estados Unidos después de la crisis de 1929, para separar las actividades de crédito de las de inversión.
En un país también se puede decir a los bancos: “ustedes deben prestar prioritariamente a las PYMEs, especialmente a las que tengan proyectos ambientales o sociales.” Se trata de un control del crédito en el sentido de que habría unos beneficiarios prioritarios; aunque no propongo nacionalizar toda la economía.
¿Hay soluciones internacionales?
Para los paraísos fiscales, sí. Si podemos prohibir a la Société Générale que tenga sus recursos en un solo país, ¿podríamos por ley obligarles a cerrar su sucursal en Jersey? Yo no estoy segura. Me he preguntado si sería posible prohibir a las agencias de calificación que emitan calificaciones sobre los Estados. Sin embargo, en Estados Unidos, la Corte Suprema sostuvo que la Primera Enmienda las protegía en nombre de la libertad de expresión.
¿El G-20 es un espacio que podría utilizarse para algo? El G-20 es ilegítimo. Representa solo a los principales actores en el sistema. ¿Dónde está el G172?
¿Y Europa? Imponer a Grecia una solución neoliberal de tal magnitud es una bancarrota política y moral de Europa. Se castiga a las personas. Esto es un motivo de indignación.
Algunos proponen hoy abandonar el euro. Debemos mantener el euro pero cambiándolo. Nunca asumiría la responsabilidad de decir “salgamos del euro”, eso sería un desastre. Creo que necesitamos más solidaridad. Es una lucha de clases sociales, no de países contra países.


